
Cortar una flor de jacarandá camino a la biblioteca puede arreglarme un día que pintaba tan negro como cualquiera. Por lo menos ahora me siento mejor. Ya puedo volver a leer mis amadas biografías (ahora voy por Capote, supongo que no puedo alejarme tan fácil de la frivolidad), venir a ver a don Luén y todo marcha bien. Aunque las cosas que me hacen mal aún están allí y no sé si quiero dejarlas. Esta semana he estado un poco más tranquila, a pesar de los sueños que me atormentan en esta época del mes en que no deberían, pero anoche soñe con Chris, así que desperté contenta. Voy a tratar de poner una foto que es el lenguaje que él mejor entiende para que este blog le diga algo, por ejemplo que con este calor que hace hoy más extraño el de Bolivia, que prefería dormir con él que con cualquiera de los hombres con los que a veces despierto y de quienes ni siquiera recuerdo el nombre, que espero que el mundo sea tan pequeño como bromeamos con mis amigas para que algún día vuelva a verlo.
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