Mucha distancia y todos los problemas siguen igual, pero voy a dejar de quejarme. Continúo el viaje y no dejo de pensar en la iglesia de Concepción, con sus adornos de figuras indígenas, su candelabro gigante y hermoso que quise robar (aunque lo dije, no para vender en el lago Titicaca a los gringos, sólo para mi) y sobre todo ese jardín donde me encantaría hacer una fiesta. Esperé un rato escondida en el confesionario para asustar a Christophe, pero él sacaba fotos y me aburrí. Las calles de Concepción me tranquilizaban. Comimos verduras en un restaurant con mesas en el jardín y que era ridículamente barato. Paseamos por la ciudad en moto taxi y me sentí como Peter Fonda en Busco mi destino, pero con chofer, así descubrí que Banzer era hijo ilustre de ese pueblo, donde construyeron una estatua gigantesca en una avenida de tierra. Una estatua gigantesca para un hombre pequeño, tal vez en conmemoración por la azaña de haber sido elejido presidente democráticamente luego de haber sido dictador. Todo tan García Márquez. Pensando en Concepción estando en Valdivia; pensando en uno estando con otro, ya empiezo a entender donde está mi problema...
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home