La verdad es que los hombres están cada día más cara de raja. Anoche, casi a la una, tocaron mi timbre e ingenuamente, creyendo que era quien no era, abrí la puerta desde mi citófono inservible. Y así aparecieron en mi cuarto piso dos desconocidos a los que temí abrir. Cuando me decidí, uno de ellos, al único que podía ver con claridad, me preguntó si yo era yo, "si, claro" respondí, "te vinieron a ver", replicó y cuando asomo mi cabecita trastornada fuera del espacio que comprende mi departamento, ahí estaba él, el de antenoche muy campante a esa hora insólita ¡y con un amigo!. Y yo parada ahí, sin poderlo creer, lista para acostarme con mis labios pintados y sin entender nada. A parte de la hora (he recibido a otros más tarde), del amigo (también he alojado a amigos de amigos en mi casa a pesar de que eso me pueda causar problemas con mis amigas), el colmo de todo fue que me pidió "por último" algo de vodka y ahí, indignada por la patudez de este tipo que pretendía dar cuenta de mi santo brevaje (el único amigo que me está quedando), los despaché antes de arrepentirme, sintiéndome increíblemente digna. Terminé durmiendo sola, pero creo que es tiempo de acostumbrarse.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home